domingo, 28 de julio de 2013

"50 Sombras de Grey" La mujer que de mayor quería ser sumisa.


“50 Sombras de Grey” La liberación sexual de la mujer ¡Anda, y vete a pastar!

 

Está claro que cuando la mujer hablaba de sexo abiertamente, unos cuantos pares de ojos se posaban sobre ella. Por un lado los hombres cargados de deseos sexuales, y por otro mujeres y hombres que no estaban muy seguros de querer saber que las mujeres también tienen deseos y fantasías.

Todos los hombres se hacen bromas entre ellos apelando a películas porno, revistas, videos caseros... Lo que os de la real gana. Pero la mujer se quedaba en un segundo plano, por lo que no sabías si ella tenía el mismo derecho que el hombre a ver a dos desconocidos montándoselo en una sala de espejos.

Lo que las jovencitas no sabían es que los libros eróticos (A veces, hasta románticos) estaban en La Casa del Libro, y que sus madres se los compraban para leerlos. Pero un buen día, y como resultado de un mal fanfic de la famosa (y mala) saga de “Crepúsculo” surge el libro “50 Sombras de Grey”

Un libro erótico, con tintes sadomasoquistas, y con dos personajes principales de lo más pintorescos:

Él es un joven empresario rico (Muy real, si señor) que esconde un oscuro pasado, y un gusto especial por dominar a mujeres sumisas.

Ella es una chica recién salida de la universidad, más inocente que Dora la exploradora, que se enamora de él y decide probar el sado únicamente para quedarse con el muchacho, más que nada porque en su interior piensa que le puede cambiar.

 

Este escrito nos lo presentaban como el libro que ha hecho que miles de mujeres de todas las edades no tengan vergüenza de afirmar que leen literatura erótica, ya sea en casa junto a su gato y marido dormido; como en el tren a hora punta.

Todas sabemos que el porno tiene toques machistas, así que cuando te presentan este libro así piensas “Vamos a darle una oportunidad” y dejas de lado tus reparos por el tema del sadomasoquismo, y obviamente la curiosidad también te mueve a leerlo.

 

Eso hice yo, menos mal que no me lo compré porque me hubiera arrepentido toda mi vida. Comencé a leerlo y (dejando de lado que no me gusta como la escritora narra la historia) lo primero que me “mosqueó” por así decirlo, fue el personaje femenino. Me pareció una chica de lo más tonta, demasiado simplona y con una mentalidad de lo más infantil. El colmo llegó cuando el personaje masculino, el señor Grey para las fans, todo caballeroso, cumpliendo su papel de héroe varón le pide a ella que se aleje, que él es un “chico malo”. Ella cumple su rol de mujer despechada llorando, enfadándose, y saliendo de fiesta para emborracharse. Pero un “juego caprichoso del destino” se encuentran y ella acepta que a su enamorado le van las fustas entre otras cosas.

 Cuestión, ella acepta ser su sumisa (Que asco de palabra) y él la procurará ropa bonita, un entrenador personal, y hasta un coche.

Es decir, tenemos una relación amorosa, basada en una relación de poder donde él es el dominante y ella la dominada. Él es un chico obsesivo que quiere saber hasta las fechas de su menstruación, y ella es feliz... No sé muy bien la razón, pero la escritora nos dice que es muy feliz la chiquilla.

 

Tras leerme el primer libro (Él único que me he leído de la famosa trilogía) me estuve riendo del mismo durante una semana. Que me presentaran este texto como “liberación sexual” me causaba risa y miedo al mismo tiempo. Llamadme loca, pero por muy bien que folle el “señor Grey” si a la chica en cuestión la despoja de su independencia, entre otras cosas, me parece de todo menos algo “liberador”.

 

Lo peor llega cuando en diversos círculos femeninos escuchas “Yo quiero un señor Grey”. Bien, analicemos esto, con esta frase decimos que queremos un hombre que nos controle nuestro ciclo menstrual, que nos regale cositas bonitas, y que nos pegue en la cama. (Cada vez que escucho esta frase, me dan ganas de agarrar un folleto contra la violencia doméstica, y plantárselo en la cara a la mujer que dice estas palabras.)

 

Con esto digo que “50 sombras de Grey” no es nada liberador, sino todo lo contrario, nos dice como actuar para el hombre en el sexo. Intrigada por saber si todos estos libros son así conseguí unos pocos de la misma temática, y la mayoría de ellos confirmaron mi teoría de que más que novelas eróticas, estos libros resultan manuales de cómo follarte a “tu hombre” y que se enamore de ti.

 

De repente llega a nuestras manos el libro “Los lugares secretos” de Paula Soler, donde se cambian las tornas. Él, David, es un abogado que se va a casar para “seguir el camino recto que debe hacerse en la vida de toda persona”, vamos que su vida es más sosa que el pan sin sal. Y ella, Irene, es una dominante, con varios sumisos a su alrededor. De este libro de momento no me atrevo a hablar demasiado, solo llevo leído un par de páginas.

Lo único que diré es que nos presentan a una mujer fuerte, que le va dominar a los hombres (¿Heroína germinalista? No lo creo) y que se encuentra con un abogado que parece ser que le encanta que le dominen.

Pero por lo que veo, presiento que ella se enamorará locamente de él, y sufrirán por su amor... Es decir, que de liberación sexual, tampoco lo veo (Más adelante, cuando lo termine seguro que escriba sobre este libro una entrada)

 

Por tanto, y para terminar: Mujeres del mundo, ver porno, leer literatura erótica, masturbaros, me da igual, pero por el amor de los dioses... No dejéis que un hombre os maneje vuestro ciclo menstrual. Y si igualmente queréis seguir leyéndoos libros cargados de sexo, recordar que el porno en internet es gratis, y no cuesta 18 euros (¡¡Cada libro!!) y que la red es un lugar enorme, donde seguro que encontraréis libros eróticos mejor escritos, y gratis (Its free)

 

¡Ah! Se me olvidaba, estos libros están escritos para mujeres heterosexuales, parece ser que el resto de colectivos no están incluidos en la mente de las autoras y autores.

Señores, señoras, no toda la población humana es heterosexual.


 

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