martes, 2 de julio de 2013

grita, cierra los ojos y sobre todo, sobrevive.


Hace tiempo, desde los 16 años, la temática de terror me ha apasionado, ya sea en libros y en películas. Me daba igual que al llegar la noche me asustara, y tuviera que dormir abrazada a un cojín o a un peluche.

Mi obsesión por el terror aún hoy continua. Como gamer-antropóloga, mientras jugaba a Slenderman hace unos días, me asaltó la siguiente duda ¿Por qué a los seres humanos nos atrae el miedo? Sobre esto encontrareis millones de “trabajos” ya sean por psicólogos, psiquiatras... etcétera.

Yo me leí algunos trabajo, y no me quedaba muy claro la razón que daban estos trabajadores de la mente, no conseguía explicar por qué un señor con esmoquin negro, alto y sin cara me daba tanto miedo, y a la vez me atraía... Cosa que también me pasa a veces con Marilyn Manson.

Intenté buscar una respuesta antropológica a esta cuestión, pero no tengo ninguna base en comportamiento humano, os recuerdo que a mi me han domesticado para que piense en términos de feminismo y anticapitalismo.

Por tanto lo que leeréis aquí no estará plagado de terminología antropológica ni mucho menos.

 

Quizá sea que como dicen los antropólogos estructuralistas (Y algunos cognitivistas), los seres humanos tenemos tendencia a ordenar y clasificar las cosas, es decir, buscamos un orden y un equilibrio (Tengo la sensación de que los antropólogos de este palo eran bastante aburridos, y no pensaban en lo maravilloso que puede ser a veces el caos) Si es así el miedo rompería nuestras estructuras y nuestro orden, dejándonos solo con nuestra parte “primitiva” (En este momentos es cuando la mayoría de antropólogos se llevan la mano en la cabeza por usa el término “primitivo” y hacer caso omiso a las comillas que adornan la palabra) deja ver ese ser asustadizo y débil que somos. La concepción cognitiva, y la imagen mental de Slender rompe la estructura y el orden y nos dice “Cierra los ojos, y corre”.

 

También podemos acogernos a la hipótesis de los científicos sociales que miraban las prácticas mágicas y los símbolos desde una perspectiva intelectualista, con la teoría de la evolución debajo de su axila, mientras miraba a hombres de raza no blanca como seres menos evolucionados (No os dejéis engañar, la teoría evolucionista tira más a racismo que a otra cosa) y así estos señores (Reconozcamos que la mujer tenía mucho que decir y poco poder para hacerlo en estos tiempos) reconocerían que la magia es una forma de razonamiento menos evolucionado que el occidental.

Estos pobres diablos no pensaron que los occidentales tenían la lacra de la religión (tema que abordaré en otro momento si no me queman en la hoguera) y que además los occidentales también somos sensibles de creer que un señor sin cara nos espera a la vuelta de la esquina, cuando venimos de comprar el pan.

Por tanto los occidentales tenemos la misma capacidad de tener miedo y de ser racionales buscando respuesta en las sombras.

 

No sé que razón antropológica se esconde tras el miedo, y tampoco creo que lo sepa nunca a no ser que algún profesor lea esto y decida poner remedio a mi estupidez... A poder ser un profesor de antropología, respeto las otras áreas de conocimiento, pero simplemente no me interesa lo que tengan que decir sobre este tema en particular.

 

Simplemente puede que todos y TODAS estemos hartos de esta realidad tan jodidamente aburrida (¿Se puede decir “jodidamente” por internet? Lo digo por si Obama me está leyendo en estos momentos...) y nos atraiga la idea de que el miedo hace que la realidad se nos escape entre los dedos, que seamos capaces de perder totalmente el control.

 

Da igual, los seres humanos somos animales débiles, y por muchas armas que tengamos bajo la almohada (Esto va de nuevo por Obama) la oscuridad nos asusta, y nos atrae al mismo tiempo.

Nos atrae porque no podemos ser las “almas oscuras” que no nos dejan ser (Todo por culpa de las leyes morales de esta sociedad hipócrita) Y es que si, afirmo y reafirmo, de que todos tenemos un Slender dentro.

 

El miedo nos repele y atrae, da igual que por la noche veamos en nuestra silla de ordenador la figura estilizada de un señor sin cara. Con el miedo perdemos el control, nos alejamos de lo que quieren que seamos y únicamente nos preocupamos de sobrevivir.

 

Así que ya sabes, respira, grita y sobre todo no le mires a la cara.
 
 

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